Como ya aclaré arriba, me llamo Desiree. Tengo 17 años y voy a Quinto de un colegio público, común y corriente, de Rosario. Mi amiga Amanda y yo decidimos empezar a escribir un blog hace un par de días, y desde entonces discutimos bastante más de lo acostumbrado.
Discutimos acerca de adónde íbamos a empezarlo (hay muchas muchas páginas para escribir blogs, aunque a una nunca se le ocurra pensar en eso); acerca de cómo íbamos a llamar a todos los involucrados (bueno, no íbamos a dejarles sus verdaderos nombres por si a alguno le pegaba por la lectura vía Internet, pero según Amanda, tampoco está bien optar por nombres ficticios ridículos como “Alf”); acerca del título del blog y las contraseñas y cosas así. Nos las arreglamos para ponernos de acuerdo, más o menos, al final.
Decidí empezar yo. Me acabo de dar cuenta de que Amanda y yo no nos dijimos en ningún momento porqué queríamos hacer esto. Creo que ella debe tener sus razones, así como yo tengo las mías.
Voy a hablar de esas razones. Dos razones, porque dos es el número del día, parece.
Desde chica, me di cuenta de que el único momento en que en verdad me entendía a mí misma, era cuando escribía. Mi cabeza ha sido siempre un quilombo tremendo, y le dedico casi la misma cantidad de tiempo a la fantasía y a la vida. Eso es un poco preocupante, sobre todo cuando una va creciendo y se da cuenta de que tiene que hacerse cargo de su vida. Que los sueños están buenos pero nunca nunca van a reemplazar a la dura realidad. Lamentablemente.
Por otra parte, este es el último año que Amanda y yo vamos a pasar en la escuela. Nuestro último año de secundaria, por cierto. Como la secundaria puede ser una experiencia maravillosa para algunos, y bastante traumática para otros, pero es en definitiva muy importante para todos, resulta que hay mucho material para escribir al respecto. Una no se ve obligada a inventar, porque pasan cosas interesantes todos los días, y sino, se pueden convertir en interesantes con un poco de ironía e inteligencia (y Amanda y yo somos dos personas muy irónicas e inteligentes, por supuesto). Y cuando no hablemos de lo que acontezca en nuestras fascinantes vidas escolares -¿ven? ya empezó la ironía- siempre podemos hablar de nosotras mismas, de lo que pasa por el lado de adentro de nuestras cabecitas, de cómo sufrimos, disfrutamos, cambiamos y/o crecemos. A todos nos gusta pensar y hablar sobre nosotros mismos, aunque digamos que no. A nosotras además nos gusta la idea de escribir sobre nosotras mismas y compartirlo con el mundo desvergonzadamente. Es más barato que la terapia, ¿saben?
Y si no quieren creer en lo que vamos a contarles, no nos crean. Me voy a alegrar si todo lo que escribimos parece inverosímil (porque significaría que nuestras vidas se han vuelto apasionantes y novelísticas) y me voy a preocupar si pueden convencerse de que todiiito es verdad (porque implicaría que nuestras vidas son monótonas, convencionales y básicamente aburridas).
Así que, he aquí la introducción al blog. Espero que te guste, Amanda. Sino, siempre podemos discutir un ratito al respecto. Para eso están las amigas.
Atentamente,
Di.