una de dos

un mismo año… contado de a dos

Hablemos con Dami (Mandy) Abril 29, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 12:26 am

Hello a todos!

Bueno, como algunos sabrán (y asumo que no todos, dada la reciente apertura del blog), Damián no me cae muy bien… Es decir, es un pibe inteligente, gracioso,… pero muy raro, por así decirlo. Uno generalmente, cada tanto, saca mano – le guste o no -; pero este chico parece que realmente odiara-odiara a la gente que odia. No es que simplemente no se banca a tales o cuales personas, sino que las describe de tal manera que te parece que realmente no las soporta ni las puede ver. Pero después va alegremente a sentarse a su lado si se encuentra solo. Me entenderían mejor si lo vieran hablar y actuar; estoy en desventaja…

Por cuestiones de horarios, Damián y yo terminamos en el mismo grupo de idioma, que tenemos en contraturno. Y la semana pasada, ambos nos cruzamos a la salida y decidimos que esperaríamos juntos hasta la hora de entrada. Bah! No lo acordamos con palabras, sino que nos juntamos y nos dirigimos hacia la cantina. Y hablamos.

Al principio no tanto, porque le pregunté si había borrado una canción del baño de mujeres (Brevemente les cuento: hablando en el MSN de los baños de la escuela, le conté que en uno de ellos hay una canción bastante conocida escrita entera o casi entera. Él – embebido en su bronca – dijo que lo borraría con aguarras ¬¬). Sonrió y movió la cabeza como diciendo: “Sí, enseguida voy”. Le dije: “¿Vamos?”. Inmediatamente dijo que “no daba” y a los 2 segundos dijo: “Bueno, vamos”.

Así que fuimos al famoso baño de mujeres. Por suerte no había nadie. Antes de que piensen cualquier cosa, les comento que NO entré con él, y aunque lo hubiera hecho, NO hubiera pasado nada. Se los aseguro. Eso NO es cosa mía y jamás haría una cosa así. Si no me creen, su problema, je. La cosa es que él vió la canción y dijo que la muchachita se había re zarpado porque estaba casi toda escrita la letra. Hablando de eso volvimos a la cantina.

No sé de qué empezamos a hablar, porque la verdad es que no estaba muy pendiente de los temas. Mi intención era preguntar una cosa en particular. Finalmente llegó el momento: “¿Estás enojado con Di?” (A partir de esa pregunta, comenzó a darse manija solo) “No. Ella está peleada con Yamila. Yo estoy bien con las dos, pasa que…” Después dijo que a Di le decías algo y se ofendía y después dijo que a yamila le decías algo y te puteaba.

Terminamos hablando de cualquier otra cosa… de los nenitos de primaria, de la gente falsa, etc.

Y eso es básicamente todo…

Esperando que no piensen mal de mi jeje, se despide

Atte.

Mandy

 

Sobre la amistad (Desireé) Abril 25, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 4:15 pm

Cuando entré a wordpress recién, lo primero que vi fue un fragmento de un blog de Harry Potter –uno de veinte mil– que pretendía contar las historias que quedan abiertas al final del último libro. Había incluso una “escena erótica” entre uno de los hijitos de Harry, ahora crecido, y otro de los personajes. La cantidad de gente estúpida en este mundo es directamente proporcional a la cantidad de basura que hay en Internet.

Perdonen si estoy un poco brusca hoy. No estoy teniendo una muy buena semana.

Estuve pensando bastante últimamente en lo difícil que es tener amigos. No sólo para mí, quiero decir. Ése fue el tema de esta semana para mí. ¿Por qué es tan difícil entender a la gente que queremos, a la gente que es supuestamente más compatible con nosotros?

Mi amiga Marisol no es parte de mi grupo; tiene el suyo propio. Clásico grupo de chicas lindas, sociables y gritonas, amigas del clásico grupo de chicos lindos, sociables y deportistas. Pero hay problemas en el paraíso, aparentemente. Las chicas son bastante duras con Marisol porque ella se colgó mucho durante el verano. Planteos y bardeos. Ella trata de explicarles, o como mínimo de decir seriamente lo muy herida que se siente, y ellas se ríen. ¿Las chicas son unas forras? No sé. Capaz son perfectamente normales. ¿Marisol debería dejar de juntarse con ellas? Por supuesto, dirán algunos, nadie merece ser maltratado. Los malos amigos no son amigos de verdad. Todo bien, les digo yo, pero sigan leyendo.

Tengo otra amiga, Daniela, que tampoco es parte de mi grupo. Su grupo está desperdigado en los otros dos polimodales, Ciencias Naturales y Comunicación. Es un grupo de esos armados antes de la separación de Tercero, antes de la elección de modalidad. Estas chicas son las que son medio rapiditas, divertidas y con carácter fuerte, al menos la mayoría, aunque hay algunas excepciones porque son muchas. Es un grupo variopinto, por así decirlo. Estas chicas son amigas del grupo de chicos fiesteros, varios más grandes y/o repetidores, y frontales. Daniela se enganchó con uno de estos “amigos” recientemente, uno que se llama Manu, y es tirando a buenito e ingenuo si se lo compara con el resto. Va al Comunicación. Al grupo de Daniela no le gustó nada nada que Daniela se enganchara con Manu. “¡Es un amigo!” dijeron indignadas. Dani replicó que a ella no le importaba, que el flaco le gustaba y listo. Sus amigas se enojaron. Ella se sorprendió. Planteos y bardeos. ¿Daniela debería dejar de juntarse con ellas? Por supuesto, dirán algunos, Dani debe correr a los brazos de Manu. Si sus amigas fueran buenas amigas la apoyarían. ¿No es así cómo debe ser?

¿Y qué puedo decir de mi grupo? Si me hubieran preguntado hace unos meses, hubiera dicho que tengo dos. Uno es el de Lucas, Alejandro, Damián y, antes, Yamila. El otro es el de Amanda –pero Amanda es algo superior e independiente a cualquier grupo, por supuesto–, Julieta, Karina, Clara y Jazmín. Y en ambos grupos hubo y hay problemas.

Creo que tal vez es naturaleza humana. Nos asusta lo que es diferente a nosotros, por eso elegimos lo que, en un principio, parece “menos” diferente. Pero, cuando vamos conociendo a los demás, encontramos más y más distinciones. Y ahí nos asustamos otra vez.

Supongo que ya no puedo considerar a Lucas, Alejandro y Damián como “mi” grupo. Ahora, son simplemente mis amigos. ¿Cuál es nuestro problema? Que los creí más leales de lo que son. Que esperé mucho de ellos. Siempre espero mucho de la gente. Yo hago lo que la gente recomienda pero nunca hace. Lo que ni Marisol ni Daniela harían. Primero pongo esfuerzo, y trato de salvar la relación y todo eso. Y sino funciona, me peleo irremediablemente, como pasó con Yamila. Lo hago. Es yo, es lo que soy.

Ahora bien, con mi otro grupo, con mi grupo “oficial” de compañeras de curso, no tengo tanto en común como con los chicos. Julieta es una máquina de estudiar y además es federada en natación, así que se la pasa entre esos dos munditos –si esos llegan a ser algún día mis dos munditos, juro que me corto las venas–; Karina es Testigo de Jehová y se la pasa en sus reuniones; Clara es la más extrovertida y anda por ahí bailando cumbia (en el pasillo de la escuela, por ejemplo) y conociendo chicos; Jazmín es, en varios sentidos, la adolescente típica, un rol con el que jamás me identificaré. A decir verdad, tenemos nuestras diferencias evidentes. No sé porqué terminamos juntas, pero tan mal no nos va. Nuestro problema, sin embargo, es simplemente ése. Por ahí no tenemos demasiado en común.

No hay relaciones perfectas, lo sé. Los involucrados suelen tener la mala costumbre de arruinarlas. Pero, ¿cuál es la solución? ¿Levantarse e irse? ¿Seguir poniéndole voluntad, aún cuando sepamos que hay cosas que no pueden corregirse? No sé. Hay ciertas cosas, como los blogs de Harry Potter y la amistad, que siempre me van a parecer un poco bizarras y confusas.

 

A falta de uno… (Mandy) Abril 22, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 6:15 pm

Hola! Bueno, si siguieron atenta y fervorosamente (?) los posteos de este blog, y leyeron específicamente el posteo de Di donde explicaba que alojaría a un extranjero, quizás – sólo quizás – pensaron que era un tantito sospechoso que a sólo una semana de iniciar el blog ya hubiera noticias emocionantes. Porque la mayoría de los… “bloggers” pareciera que acomodaran los sucesos de su vida de forma increíblemente precisa para que todo encaje y sea interesante de leer. Pero casualmente, este no es uno de esos casos. La verdad verdadera es que las cosas que escribimos acá pasan de verdad, y aunque no nos crean, es completamente cierto. Jeje.

Volviendo al tema inicial del intercambiado de Di…

En nuestro curso nunca, nunca JAMAS hubo un estudiante de intercambio. En nuestra escuela hay una gran cantidad de ellos, pero por esa suerte que nos caracteriza, nunca hubo uno que cursara con nosotros. Entonces, el saber que un chico o una chica viniera, ya nos animó a todos. Sobretodo porque sabíamos que sí o sí venía a nuestro curso, al alojarse con Di. Pero lo de hoy sí que fue una sorpresa.

Llegué como 5 minutos antes de que las clases empezaran. Nada nuevo, todo igual. Saludé a mis amigas que se sientan detrás mío, como cada mañana, y me senté a esperar que apareciera la profesora para comenzar a contar cuantas horas más de clases quedaban. Pero antes de que todo esto sucediera, veo que se asoma a la puerta la señora que me había cruzado al subir las escaleras más temprano. Y estaba acompañada por un chico que obviamente no tenía carateres argentinos. En eso, entra la directora y dice que tenemos un nuevo alumno y que se quedará con nosotros hasta fin de año. A todo esto, mi queridísima amiga Di todavía no había llegado, y el asiento al lado mío estaba desocupado. Y tal como pasa sólo en las películas, la directora le señaló ESE lugar, porque obviamente era el único vacío. No lo podía creer. Las chicas del curso comenzaron a gritar y saltar (sí, sí, no estoy exagerando; realmente lo hicieron), según ellas porque no habían tenido a ningún extranjero en su curso en su vida, pero hasta la profesora – que luego llegó – se dio cuenta que no era la verdadera razón, y les dijo que se calmaran un poco y que fueran un poco disimuladas.

Luego, un compañero nuestro se ofreció de traductor y comenzó el típico interrogatorio al nuevo alumno. Tiene un nombre muy complicado, y para no escracharlo acá, digamos que se llama Nick. Tiene 18 años y es alto y rubio, con rulitos. Obviamente tiene ojos claros, y viene de Europa. En el recreo, toooodas las chicas del curso formaron alrededor suyo una estrecha circunferencia, con apenas el espacio necesario para poder respirar, y los varones  se fueron del salón sin importarles demasiado integrarlo al grupo. ¿Celosos? Mmm…

Parecía no interesarse en nada, y entiendo que no hable español. Pero yo no sabía de qué hablarle. Y mis amigas de atrás querían que le tradujera oraciones en castellano y preguntas que realmente me hacían sentir estúpida al decírselas. Sólo le pregunté dos preguntas mías (jaja): “How do you say it?” (refiriendome a su nombre, inteligible, y con una letra de un alfabeto desconocido para mi) y “We’re leaving” (cuando una profesora faltó y nos dejaron salir antes. Encima me miró con cara rara porque debemos ser el único país en el que falta una profesora y nos largan…)

Cuando sepa más, les cuento. Por ahora calculo que se sentará al lado mío, excepto que:

1) Mi amiga Julieta vuelva de su viaje y quiera recuperar su lugar

o

2) Alguna de mis compañeras lo rapte y se lo lleve a su lado.

 

Atte.

Mandy

 

Comunicación (Desireé) Abril 20, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 2:28 am

Hoy, mientras leía comentarios y el último posteo de Amanda, mi celu hizo “ti-TI!”, como hace cuando llegó un mensajito, y efectivamente, me llegó un mensajito, de Lucas. Decía: “¿En qué andas?”. Clásico mensaje de Lucas. Yo contesté que estaba al pedo y pregunté qué hacía él. Él estaba en el Alto, el shopping, y se iba a quedar por ahí hasta las 7.

Apagué la compu, me bañé, esperé veinte minutos el colectivo, y una hora después estaba en el Alto. No sé porqué, pero me sentía casi como si nuestra amistad dependiera de esa salida. Lo prueba el hecho de que sólo haya tardado una media hora en bañarme y vestirme. Soy la persona más empeñada en tomarse su tiempo del mundo.

Cuando me encontré con Lucas, fue casi como si no lo hubiera visto en meses. Estaba contenta, pero al mismo tiempo curiosamente nerviosa. Salimos afuera del Alto -en realidad, no me gustan mucho los shoppings- y recorrimos el perímetro del estacionamiento, charlando sobre intrascendencias. Faltan solamente diez días para el cumple de Alejandro, así que nos preguntamos irónicamente si seríamos invitados (él irónicamente; yo no tanto), reflexionamos sobre las múltiples molestias de nacer un 29 de abril, el Día del Animal, y concluimos que, siendo Alejandro, ya la vida era bastante molesta como para complicarse por esa pelotudez. Si conocieran a Ale, entenderían. Es un tantito… particular. Un poco raro, por así decirlo. Y no es que a mí me moleste, debo aclarar. Nosotros somos gente que podría hacer una bandera de la rareza sin problemas.

No teníamos nada mejor que hacer, así que fuimos al centro por la costanera. Hay una tremenda pared de humo flotando sobre la isla. Y va hacia Buenos Aires, lo cual es bastante gracioso. Es como si el problema volara hasta allá para que las autoridades se hagan cargo. O al menos eso nos pareció.

Lucas me dijo que este año estaba siendo un poco difícil para él. Que, como es sencillo imaginar, no está muy bueno repetir. Dijo que Yamila lo estaba acompañando, que a ellos no les había hecho nada, y giladas así. No me enojé. No sé, pero ya no me sale lo de invertir tiempo y esfuerzo enojándome. Argumenté mis puntos, me quejé un poco para no perder la costumbre y listo.

Después hablamos de un par de sueños raros que yo había tenido últimamente. En uno había muchos varones preadolescentes jugando a la búsqueda del tesoro en una zona boscosa, con una laguna y casas abandonadas. Lucas interpretó que la búsqueda me representa a mí misma, y los varones preadolescentes vendrían a ser el trasfondo sexual que según Freud tienen todos los sueños. O sea, soy re pedófila, je. Y nos reímos. En el otro sueño, estoy con Damián y hay una estudiante oriental de intercambio. Los tres estamos almorzando en uno de los patios subterráneos de la escuela, donde yo hacía gimnasia el año pasado. Pero en el piso del patio, en lugar de haber pavimento, como en el original, hay mucho césped verde y saludable. Lucas observó que el pasto no crece en los patios subterráneos. Yo dije que sip, pero que él que estaba interpretando era él y que no jodiera. Proseguí. Mientras Damián, la alumna oriental de intercambio y yo almorzabámos, varios chicos de quinto jugaban al fútbol en el patio, sobre el frondoso pastito. Una cosa de locos.

El análisis de Lucas fue bastante revelador: mi subconsciente había apartado a Damián del grupo de chicos. A Damián le encanta jugar al fútbol, y su versión real hubiera estado sin duda pegadita a la pelota. Pero el Damián de mis sueños estaba conmigo.

-Pero no sólo conmigo. ¿Y la otra chica?

Pero según Lucas, a Damián no le gustan las chicas orientales. Es sabido que es medio xenofobico, el gil. Es decir, la otra chica no era competencia. Era como si yo tuviera a Damián sólo para mí.

Me quedé pensando en esa conclusión. Tal vez eso era simplemente lo que yo quería. Le pregunté a Lucas si era muy enfermizo pensar -al menos a nivel subconsciente- de esa manera.

-Y… No. Siempre que no te pongas histérica y lo persigas por todos lados…

Y nos reímos. Me defendí. Nos volvimos a reír. Discutimos. Y nos reímos de nuevo.

Recorrimos la Peatonal casi completa, hasta casi las ocho. Después me acompañó hasta mi parada, y se me pasó un cole por muy pero muy poquito (lo corrí, pero el colectivero me ignoró). Nos acomodamos en la ventana baja de una de las casas de por ahí, mientras él se burlaba de cómo corría yo. Él sacó el celu y ensayó en voz alta un mensaje explicativo para su viejo: “Pa, llego tarde porque Desireé corre como tarada”. Le pegué y me reí. Aunque me trate de tarada, me presta monedas para el boleto ocasional y no se va de la parada hasta que el cole llegue, a pesar de que tiene una frecuencia similar a la de la alineación de los planetas. En definitiva, es un buen amigo.

Y eso. Todavía estoy celosa de Yamila, todavía no sé muy bien qué pasa por la cabeza de Damián, y todavía no estoy segura de qué voy a hacer el día del cumple de Ale. Pero el día de hoy estuvo bueno. Hoy, estoy contenta.

 

Queridos ‘90: (Mandy) Abril 18, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 10:55 pm

Te escribo luego de mucho tiempo sin vernos. Ya han pasado 8 años desde la última vez que nos encontramos.

No recuerdo mucho sobre vos porque en ese tiempo me tocó ser niña. En realidad, sí recuerdo tus locuras y ocurrencias, pero quién sabe si fueron así como las imagino, porque cuando uno es pequeñito ve las cosas un poco distintas a como son en realidad. Los lugares son siempre más amplios, más coloridos; las personas más altas; el tiempo tan lento;…

Hoy, antes de clase, mis compañeras recordaban sus juegos de la infancia, y cientos de imagenes se me vinieron a la cabeza. No tengo hermanos, pero por suerte me tocó crecer junto a una prima que también era hija única, y entre nosotras sólo había un par de años de diferencia (sí, sólo un par. Dos años de diferencia). Siempre fuimos muy unidas, y sobretodo a la hora de jugar. A veces pienso que en ese entonces, los chicos teníamos más imaginación que los de ahora, y no nos bastaba con ver tele y entretenernos con las Barbies, porque lo más divertido, lo que era todo un desafío, era inventar cosas nuevas para matar el aburrimiento. No dudo al decir que mi prima y yo eramos las mejores para eso. Jamás pasamos más de 5 minutos sentadas, aburridas y sin hacer nada, porque ya era un compromiso – e incluso una competencia – cambiar repentinamente la expresión de nuestro rostro y gritar: “¡Tengo una ideeeea!” (Sí, con muchas E, porque cuantas más usábamos, más emocionante se iba poniendo la cosa).

Y así transcurrió toda nuestra infancia. Y creo yo que fuimos felices.

Otra razón por la que no me arrepiento de haber nacido en 1991 es que los programas infantiles eran verdaderamente programas infantiles. Divertidos, inteligentes, sanos,… ¿Quién no miró alguna vez “El reloj de Bernardo”, “El fantasma escritor”, “¿Cómo y por qué?”, “Clarissa lo explica todo”, “¿Le temes a la oscuridad?”, “Sabrina la bruja adolescente”,… y sin contar la cantidad de dibujos animados que había, porque eso ya sería demasiado; te aburriría a vos y a los lectores.

¡Y la ropa!… ¿A quién le importaba si los colores de la remera y el pantalón combinaban o si era de marca o no? Ah! Esos años no tienen comparación…

Como ya dije, no se si las cosas en verdad fueron como las relaté, pero eso es lo que está en mi cabeza y es mi pequeña gran idea sobre ese tiempo de tranquilidad e inocencia que viví. Probablemente cuando termine esta década tendré muchas cosas para contar sobre mi adolescencia y las cosas que viví durante todo este último tiempo, pero hoy quise dedicarte este espacio de wordpress para escribirte, y espero que quienes estén leyendo esto sientan las ganas de dejar su opinión y contarme cómo vivieron ellos los ‘90. Yo por mi parte me despido.

Atte.

Mandy.

 

Inter-cambiada (Desireé) Abril 18, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 12:20 am

Yo sé que esto va a sonar muy poco creíble, sobre todo considerando que es la primera semana del blog y no se supone que mi vida sea una apasionada sucesión de aventuras y episodios fantásticos.

Pero de verdad tengo ganas de contar lo que pasó hoy.

En Marzo, vinieron unas chicas al curso y nos repartieron folletos de una organización que gestiona intercambios culturales. Ya nos habían visitado el año pasado, cuando llegaron los neozelandeses y las holandesas (nuestro colegio recibe a una banda de intercambiados) y nos habían repartido el mismo folletito y la misma fichita donde te piden tu mail y te preguntan si querés recibir a alguien o ser recibido por una familia extranjera. Esa vez, les dejé mi mail y lo único que recibí fueron varios correos raros con fotos y cosas así. Nada de información ni proposiciones.

La segunda vez, la del mes pasado, les dejé nuevamente mi mail y además mi teléfono. Un par de semanas después llamaron a casa y nos preguntaron si queríamos alojar. Sorprendentemente, mi mamá se prendió enseguida. Programó con una de las coordinadoras de la organización una entrevista para que nos explicaran bien cómo era el tema y todo eso, y esa entrevista fue hoy.

Estoy emocionadísima. Dentro de nada voy a tener en casa a alguien de algún país europeo de esos que nadie sabe muy bien cómo se llaman; entre 16 y 18 años; no determinado si chico o chica (pero seguro que va a ser alguna de las dos cosas, porque sino aunque una no tenga prejuicios es como que muy raro xD).

La coordinadora nos hizo completar un formulario para “determinar nuestro perfil como familia” y elegir a otra compatible. Zarpadísimo. Durante el curso de la entrevista hubo un par de papelones, como cuando cayó mi viejo con casi todos los botones de la camisa desabrochados –y encima la camisa es de un colorcito verde manzana que nada que ver–, o cuando mi hermana recordó al estudiante de intercambio neozelandés, Neil, de quien me hice amiga el año pasado y que ella amaba (¿?) secretamente. De terror.

Pero le caímos bien, creo, salvo que sea re hipócrita, jaja. Creo que nos captó y capaz nos consigue alguien interesante.

No sé. Cuando conozca a mi “hermano/a adoptivo/a” como les dicen (súper cursi, ya sé) les contaré.

 

Dos chicos (Mandy) Abril 15, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 8:54 pm

Es increíble cuán distinta puede resultar una misma persona para distinta gente. Sí, hablo de Damián, obviamente.

Si bien yo había reparado en él antes de lo del “beso pato”, creo que fue ahí cuando me di cuenta que nunca me caería del todo bien. Es decir, reconozco que es inteligente e incluso gracioso (Di me va a recordar que dije esto por el resto de mi vida, lamentablemente), pero es muy atolondrado y para nada observador. Más que indirectas, ha recibido cientas y cientas de “directas” y aún no se da cuenta de absolutamente nada. Nadie puede ser tan poco racional en ese sentido…

No es que no me caiga bien o que no pueda llegar a entablar una conversación medianamente decente sin poder controlar mis ganas de gritarle, pero es que a veces resulta insoportable e incomprensible su manera de actuar… ¿De verdad no se da cuenta de lo que sucede a menos de 10 centímetros suyo? Porque sinceramente, es imposible…

Pero creo que ya tendrán suficiente de Damián a lo largo del blog, sobretodo de parte de Di, como es de suponer. Que yo – Mandy – hable bien de él ya es mucho pedir, y los dos adjetivos no-agresivos que lograron venir  a mi mente luego de mucho pensar, ya los he escrito en el segundo párrafo y dudo que vuelva a suceder. Así que acaban de presenciar un acontecimiento histórico; siéntanse importantes…

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¿Ya les conté de Scott?

¿Cómo describirlo? Como suelo decir, es la ternura personificada. Se expresa como yo aunque vivimos en países distintos (y lejanos), y eso ya llama bastante la atención. Porque uno esperaría que los chistes no se entiendan, que sus comentarios sean fríos y para nada amistosos, o que escriba oraciones sólo para pasar el rato. Pero no. Nos reímos de las mismas cosas; cosas que a otros no les causaría gracia… pero somos tan parecidos…

No me gusta, no, pero es una de las personas más simpáticas que tengo en el MSN y me encanta hablar con él. Así que no les va a resultar raro ver que cada tanto lo menciono.

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Al lado de los posteos de Di, esto debe parecer lo que a un oso, una hormiga, pero sepan comprender. Hace demasiado tiempo que no intento escribir un diario o un cuento o lo que sea, y el hecho de que ahora sea público no hace las cosas más fáciles. Usualmente escribo con caritas, risas (a todo esto, no piensen que soy hueca o una de esas pibitas estúpidas que no sabe escribir, porque estamos en problemas jeje) (no pude evitar escribir la risa, ¿ven?), así que hacer una composición en tono neutro es bastante dificultoso.

Los dejo en este preciso momento para que ahorren el tiempo de la lectura de posibles futuros renglones, y lo inviertan en algo más productivo que en este caso sería comentar.

No me puedo despedir sin una carita feliz.

Atte. Mandy =)

 

Sobre Damián. (Desireé) Abril 14, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 9:47 pm

La triste verdad es que, si voy a hablar sobre mí misma, necesito hablar también sobre Damián. Pero si voy a hablar sobre él, sobre él y yo, siento que tengo que hacer un relato pormenorizado de montones de cosas –salidas, risas, miradas, momentos– que tuvieron lugar el año pasado.

Y ésa no es la idea. Este blog es sobre este año, sobre Amanda y yo, y no tengo interés en que se convierta en una historia de mi vida abreviada y tampoco en un altar virtual para Damián. Eso es lo último que necesito.

Así que la voy a hacer corta. Todo lo corta que pueda. Y voy a empezar por el principio, aunque ahora es difícil establecer exactamente cuándo fue eso.

Esto podría servir: la primera vez que Amanda y yo nos anoticiamos de la existencia de Damián Fausto, fue una tarde en la puerta lateral del colegio, hace casi dos años. Nos acompañaba una compañera de curso, Ivana, una chica bastante problemática pero también bastante sociable, que estaba de pie entre las dos.

Me acuerdo que Damián venía con su bici (la misma bici, impertérrita, lo acompaña hasta la actualidad) y para pasar por la entrada, tenía que pasar junto a las tres. Él solamente conocía a Ivana. Así que la saludó con un beso, dijo “Hola” y entró. Amanda y yo, pintadas. Tal vez principalmente porque nos molestó mucho que nos ignorara, sacamos a relucir que había algo raro en el modo en que Damián saludaba. Hacía como que demasiado ruidito. Como un graznido de pato. Y dado que teníamos quince años –qué tiempos aquellos– y cualquier comentario casual podía convertirse fácilmente en una broma, apodamos a Damián “besopato Fausto”, y nos reímos de eso durante semanas.

Sé que suena muy estúpido, pero es de esas cosas que hay que estar ahí para entender porqué resultan tan graciosas. En fin. Al cabo de un tiempo nos olvidamos del tema, y Damián volvió a pasar desapercibido para nosotras.

Ahora bien, hacia principios de 4to, me hice amiga de una chica desinhibida, bonita y ostensiblemente loca, Yamila. En ese momento, yo sufría un considerable déficit de autoestima y no tenía ni la más mínima idea de qué rumbo estaba tomando mi vida. Básicamente de lo que se trata ser adolescente. Yamila me ayudó con eso, aunque no creo que fuera del todo consciente de lo que hacía.

El mismo año, empezamos a tener clases de Francés en uno de los laboratorios, que en lugar de bancos, tienen mesas para entre seis y diez personas. Para las clases de Idiomas, las tres modalidades (Ciencias Sociales, Ciencias Naturales y Comunicación) son mezcladas entre sí. En resumen, terminé en una mesa con Lucas, un amigo de toda la vida y compañero de curso; Alejandro, el mejor amigo de Lucas y también de nuestra modalidad, Ciencias Sociales; Patricia, otra compañera de curso; Selene, de Comunicación; Damián, de Ciencias Naturales; y mi infaltable Amanda.

A pesar de mi inicial reticencia para con las clases de Francés y el grupo de la mesita, enseguida empecé a sentirme más cómoda. Mi amistad con Lucas se afianzó, y dado que hablaba mucho con él, pronto comencé a hablar también con sus dos amigos. En una de las primeras clases, hice un trabajo práctico con él y Damián.

También puede que suene bastante tonto, pero me acuerdo muy bien de qué se trataba el trabajo. Una chica llamada Camille, que vivía en una casa muy grande, se olvidaba la puerta del jardín abierta, y alguien llamado Boule, que estaba al cuidado de Camille salía por la puerta y se perdía. Cualquier alumno poco creativo de Francés hubiera determinado que Boule era un perro o a lo sumo un nene chiquito, pero este no era el caso de Damián. Él quiso que Boule fuera la abuela de Camille. Y sí. Hicimos pasarle muchas penurias a la pobre abuela, y también a su nieta que la buscaba, y en definitiva nos divertimos. Era tal vez la primera ocasión en que mantenía una conversación con Damián, pero el de entrada me llamó “Didi”. Solamente mis amigos me dicen así. El resto de la gente no sabe muy bien cómo acortar “Desireé”, así que bate cosas como “Desi” o “Sireé” o giladas así. Pero no, él dijo Didi. Familiarmente. Confianzudamente, podría decirse. De entrada.

Y a mí me encantó. Me pareció que mi nombre, mi nombre acortado y familiarizado, sonaba muy pero que muy bien pronunciado por él.

Al cabo de un par de meses, Lucas, Alejandro, Yamila, Damián y yo éramos prácticamente un grupo constituido, y nos pasábamos casi todos los fines de semana del shopping a la Peatonal, de la Peatonal al cine, y del cine a mi casa. Fue un muy buen año para mí.

Aunque no me animaba a decirle a Damián lo que sentía (y todos mis amigos lo sabían, porque casi no hablaba de otra cosa), la pasaba muy bien con él, y me hacía feliz simplemente ser su amiga. Por un tiempo, las cosas anduvieron bien.

Pero cuando uno tiene quince, dieciséis, diecisiete años, el tiempo es un ratito. Es así. Uno cambia. Los demás también. Las circunstancias cambian.

Yamila y yo fuimos buenas amigas. Nos quisimos, nos entendimos, fuimos unidas. Pero acabamos esperando mucho la una de la otra, y decepcionándonos casi siempre. Yo quería que ella le dedicara más tiempo al grupo, y ella quería que el grupo corrigiera actitudes “negativas”. Yo no quería encarar a Damián, y ella quería que todos empezáramos a ser más sinceros. Son cosas que pasan.

Después de pelearme con Yamila, seguí saliendo con los tres chicos. Y así todo el verano, hasta llegar finalmente a este año. Un muy buen verano, también.

Damián ha sido para mí lo más importante en este tiempo. Es brillante e ingenuo, soberbio e inseguro, sencillo y complicado. Ciclotimico. Quejoso. Sarcástico. Fascinante. Probablemente me enamoré de él después de tres conversaciones. O una vez que lo vi apoyado, sonriente, contra un guardacalle. O cuando lo miré –sí, más que escucharlo lo miré– tocar la guitarra, extrañamente feliz, concentrado. O esa primera vez, la de Boule y Camille, cuando lo escuché decir mi nombre.

Pero este año las cosas son distintas entre él y yo. Lucas y Alejandro repitieron de año, así que ya no los veo en el curso. Y Yamila ha decidido, oportunamente, dedicarle tiempo al grupo ahora. Conclusión, se la pasa con Lucas, Alejandro y Damián de acá para allá, para mi gran alegría. Lo que más me molesta es que ellos la acepten de nuevo sin miramientos, sin dudas. Como si el hecho de que ella se fuera y no les dirigiera la palabra en todo el verano no significara nada.

Y Damián… No sé. A veces sonríe y saluda, y creo que todo va a volver a ser como antes. Otras sigue de largo, como si nunca nos hubiéramos conocido. Y entonces no estoy segura de si quiero que todo vuelva a ser como antes.

 

Una de las Dos II Abril 13, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 7:09 pm
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Y aquí estoy yo. Amanda. Mandy para los amigos.

En realidad, cuando Di propuso tener un blog en común, no pensé demasiado en las razones y simplemente dije que sería una buena idea. Porque cuando uno escribe, ¿para qué pensar en las razones? A mi me encanta escribir, pero hace mucho que no me siento a redactar una historia o al menos un cuento que logre tener una trama y un desenlace. Es que lamentablemente, la inspiración no anda por estos lugares últimamente.

Contarles todos los datos de mi persona, qué me gusta y qué no, sería muy repentino y tampoco tendría emoción, porque la idea es que nos conozcan a través de todos los posteos, y que nos entiendan (o al menos escuchen), y logren definir más o menos nuestras personalidades. Lo único que se me ocurre decir ahora es que al igual que Di, tengo 17 años, y que este es mi último año de secundaria.

Durante todos mis años en la escuela pensé que el último año sería el peor. Y no porque me esperaba no llevarme buenos recuerdos de quinto año, sino porque cada cosa que hiciera me recordaría que sería la última. “Este es el último primer día de clases que tendré”, “Este es el último acto del 25 de mayo que tendré”,… Pero a decir verdad, estoy ansiosa por empezar el año que sigue. No quiero que este termine abruptamente, no, pero creo que para fines de este ciclo lectivo, coincidiré con varios en que era mejor que terminara. Que toda esa etapa de estudiante de secundaria debía llegar a su fin. Porque en lenguaje coloquial, diría que “ya no daba para más”. Cuando uno prolonga las cosas más de lo que deben durar, hace mal.

Así que bueno, espero que nos sigan, nos comenten, nos aconsejen… que estén ahí. Que lean aunque no nos digan sus nombres, aunque al igual que nosotras oculten sus verdaderas identidades pero nos hagan saber quiénes son.

Atte.

Mandy.

 

Desiree. Una de las dos. Abril 12, 2008

Archivado en: General — unade2 @ 8:09 pm

Como ya aclaré arriba, me llamo Desiree. Tengo 17 años y voy a Quinto de un colegio público, común y corriente, de Rosario. Mi amiga Amanda y yo decidimos empezar a escribir un blog hace un par de días, y desde entonces discutimos bastante más de lo acostumbrado.

Discutimos acerca de adónde íbamos a empezarlo (hay muchas muchas páginas para escribir blogs, aunque a una nunca se le ocurra pensar en eso); acerca de cómo íbamos a llamar a todos los involucrados (bueno, no íbamos a dejarles sus verdaderos nombres por si a alguno le pegaba por la lectura vía Internet, pero según Amanda, tampoco está bien optar por nombres ficticios ridículos como “Alf”); acerca del título del blog y las contraseñas y cosas así. Nos las arreglamos para ponernos de acuerdo, más o menos, al final.

Decidí empezar yo. Me acabo de dar cuenta de que Amanda y yo no nos dijimos en ningún momento porqué queríamos hacer esto. Creo que ella debe tener sus razones, así como yo tengo las mías.

Voy a hablar de esas razones. Dos razones, porque dos es el número del día, parece.

Desde chica, me di cuenta de que el único momento en que en verdad me entendía a mí misma, era cuando escribía. Mi cabeza ha sido siempre un quilombo tremendo, y le dedico casi la misma cantidad de tiempo a la fantasía y a la vida. Eso es un poco preocupante, sobre todo cuando una va creciendo y se da cuenta de que tiene que hacerse cargo de su vida. Que los sueños están buenos pero nunca nunca van a reemplazar a la dura realidad. Lamentablemente.

Por otra parte, este es el último año que Amanda y yo vamos a pasar en la escuela. Nuestro último año de secundaria, por cierto. Como la secundaria puede ser una experiencia maravillosa para algunos, y bastante traumática para otros, pero es en definitiva muy importante para todos, resulta que hay mucho material para escribir al respecto. Una no se ve obligada a inventar, porque pasan cosas interesantes todos los días, y sino, se pueden convertir en interesantes con un poco de ironía e inteligencia (y Amanda y yo somos dos personas muy irónicas e inteligentes, por supuesto). Y cuando no hablemos de lo que acontezca en nuestras fascinantes vidas escolares -¿ven? ya empezó la ironía- siempre podemos hablar de nosotras mismas, de lo que pasa por el lado de adentro de nuestras cabecitas, de cómo sufrimos, disfrutamos, cambiamos y/o crecemos. A todos nos gusta pensar y hablar sobre nosotros mismos, aunque digamos que no. A nosotras además nos gusta la idea de escribir sobre nosotras mismas y compartirlo con el mundo desvergonzadamente. Es más barato que la terapia, ¿saben?

Y si no quieren creer en lo que vamos a contarles, no nos crean. Me voy a alegrar si todo lo que escribimos parece inverosímil (porque significaría que nuestras vidas se han vuelto apasionantes y novelísticas) y me voy a preocupar si pueden convencerse de que todiiito es verdad (porque implicaría que nuestras vidas son monótonas, convencionales y básicamente aburridas).

Así que, he aquí la introducción al blog. Espero que te guste, Amanda. Sino, siempre podemos discutir un ratito al respecto. Para eso están las amigas.

Atentamente,

Di.